lunes, junio 09, 2014

LOS MAGOS DE LA GUERRA

ENTRADA Nº 144
Hoy os traigo algo diferente,el quinto trabajo de Oscar Herradon ,un ensayo extraodinario,u ensayo que nos desvela como historia y esoterismo pueden estar entrelazados entre sí.

SOBRE EL AUTOR: Escritor y periodista, Óscar Herradón es conocido por sus libros sobre enigmas históricos y otros temas cercanos al ocultismo y tradiciones mágicas en España.actrualmente es redactor de la revista enigmasHa publicado varios ensayos, como Historia oculta de los Reyes o Historia oculta del Quijote y otros libros malditos




DATOS DEL LIBRO

  • Nº de páginas: 336 págs.
  • Editoral:CUPULA
  • Lengua: CASTELLANO
  • ISBN: 9788448019228






Hitler creía ciegamente en lo sobrenatural. Envió a su ejercito a buscar reliquias, amuletos, etc. ¿Cómo pensaba utilizar estos artilugios? ¿Encontró alguno?
Bueno, realmente Adolf Hitler era una persona con una visión mesiánica de su propia persona y de la historia y desde su juventud se sintió atraído por el ocultismo y temas afines como la astrología, siendo asiduo lector de la publicación antisemita y ocultista Ostara. De hecho, ese misticismo es importante en la base de la cosmovisión nazi, pero lo cierto es que quien creía ciegamente en lo sobrenatural era su subordinado Heinrich Himmler, jefe de las SS y de la Gestapo, quien a través de la Ahnenerbe, la Sociedad Herencia Ancestral alemana, envió a muchos “guardias negros” en busca de distintos objetos de poder,
ABADIA DE MONSERRATA
como el Grial, al que él mismo siguió la pista en Barcelona, en la abadía de Montserrat, durante su visita oficial a la España de Franco. Si alguno de esos objetos fue hallado, no existen datos que lo corroboren. Se sabe que en Viena existía una réplica de la Lanza del Destino –la que utilizó el centurión romano Longinos para alancear a Cristo en la cruz– y que los nazis se hicieron con ella, embargándola del museo donde estaba expuesta, pero la hipótesis que plantea Trevor Ravenscroft de que Hitler estaba obsesionado con aquel objeto y de que la guerra fue prácticamente una consecuencia de ello, no se sostiene.
Está claro que Himmler, que sí creía en el ocultismo a un punto que rayano en la locura, pretendía utilizar objetos sagrados como el Grial en su lucha contra los enemigos del Tercer Reich, al atribuirles, como al Martillo de Thor un origen no legendario sino real, al igual que sus supuestos “poderes”.

El primer ministro ingles, Winston Churchill, también creía en lo sobrenatural, y quiso al igual que su homologo alemán que el mundo mágico ayudara a Inglaterra a ganar la guerra. ¿Qué pasó realmente?

Churchill era un hombre más bien pragmático, pero a su vez también un hombre de fe, que pensaba que el destino le había seleccionado para aquella gran misión que era frenar el avance del nazismo. Para su lucha a muerte contra Hitler no escatimó en medios a la hora de contrarrestar el avance alemán y, una vez supo de la existencia de departamentos secretos en los que se hacía uso del supuesto poder de lo intangible, de la astrología y la magia –aunque fuera de una forma más cercana a la propaganda negra que a lo esotérico–, decidió hacer lo propio y sus hombres reclutaron a singulares personajes que también se entregaron a esa “lucha mágica”, entre ellos al astrólogo alemán de origen húngaro Louis de Wohl, exiliado en Inglaterra e incluso, casi con seguridad, al ocultista británico Aleister Crowley. Otros “magos de la guerra” nada tuvieron que ver con la esfera de lo supranatural, eran simples ilusionistas, magos del espectáculo –con todo lo que ello implicaba–, como fue el caso de Jasper Maskelyne, que sirvió a las órdenes del ejército de Su Majestad en el Norte de África y sus habilidades sobre el escenario y en el campo del camuflaje y la distracción fueron decisivas en las victorias contra las huestes de Rommel.
Creyeran o no en el componente sobrenatural, tanto los nazis como los aliados hicieron uso de los servicios de toda esta caterva de personajes: astrólogos, zahoríes, ilusionistas e incluso aquellos que afirmaban ser médiums, para equilibrar la balanza a su favor y obtener la victoria final

Es conocido por todos que Hitler se creía un enviado por un ser superior para acabar con judíos, bolcheviques y otros “enemigos de Alemania”. ¿Tuvo algo que ver su creencia en el esoterismo?

Está claro que la concepción mesiánica de Hitler había sido en parte impulsada por las corrientes esotéricas y pseudosecretas que recorrían Centroeuropa en los años previos al estallido de la Primera Guerra Mundial y en los años de Entreguerras, cuando el Partido Nazi pasó de ser una organización política minúscula a erigirse en una fuerza sin parangón. Sociedades como Thule, la Orden de los Nuevos Templarios o la Sociedad List tenían postulados que después fueron prácticamente copiados por los ideólogos nazis más místicos como Alfred Rosenberg o Walter Darré. En cuanto al papel de Elegido para guiar al pueblo alemán hacia un Reich milenario, como creía Hitler, en esa concepción atávica y providencialista que tenía de la historia, tuvo mucho que ver uno de sus mentores ideológicos, Dietrich Eckart, muerto en 1923, poco después del fracaso del Putsch de Múnich. Este excéntrico antisemita de excelsa formación intelectual también coqueteó con el ocultismo e inculcó en su “pupilo” Hitler muchas de las ideas que más tarde se convirtieron prácticamente en religión para los seguidores de la esvástica.
Aunque muchos niegan dicha influencia, lo cierto es que el Führer dedicó la última frase de su Mein Kampf a Eckart: “Quiero citar también al hombre que, como uno de los mejores, consagró su vida a la poesía, a la idea y por último a la acción, al resurgimiento del pueblo suyo y nuestro: Dietrich Eckart”.

Hitler no era el único nazi que se creía una providencia o un iluminado. Erik Jan Hanussen también lo creía así y murió precisamente asesinado por los propios nazis. ¿Por qué?

En realidad, Erik Jan Hanussen, uno de los magos e ilusionistas –también astrólogo, zahorí y detective psíquico– no era lo que se dice un nazi. Precisamente su ascendencia era judía, lo que constituía una seria amenaza en la Alemania de Hitler, por lo que adoptó la falsa identidad de un noble danés. Lo que hizo Hanussen, considerado el “profeta de Hitler” fue aprovecharse del poder que tenía en Alemania y Austria el Partido Nazi para catapultar su popularidad, y con este objetivo “predijo” el éxito del nazismo en muchas de sus publicaciones astrológicas. Llegó a reunirse con Hitler en varias ocasiones e incluso a trazarle un horóscopo, aunque es difícil creer que fuera él el quien enseñara al líder nazi el arte de la oratoria y la forma de posar en sus multitudinarios discursos, como afirman algunos autores. Sea como fuere, Hanussen fue uno de los magos fundamentales de aquel tiempo y un personaje injustamente olvidado. Jugó con fuego y acabó quemándose: haciendo de prestamista de las SA de Röhm, frecuentando los selectos grupos nazis, se convirtió en un personaje incómodo para el régimen por toda la información que había recabado de muchos mandamases del Tercer Reich. Goebbels lo tenía en el punto de mira, y había recopilado un dossier con información sobre su pasado, probablemente sobre su origen judío. Finalmente, y tras “vaticinar” el incendio del Reichstag que tendría lugar poco después –probablemente porque alguien del círculo íntimo de Hitler se lo había comunicado–, fue encerrado, interrogado y más tarde asesinado en el bosque de Staakower, a quemarropa, a las afueras de Berlín.

La Alemania nazi tenía varios edificios clave en cuanto a aspectos políticos y militares, pero también poseían un edificio exclusivamente dedicado al mundo sobrenatural. ¿Qué había y qué se hacia en el Palacio del Ocultismo de Berlín?

Bueno, realmente el Palacio del Ocultismo era una sala de espectáculos en pleno centro de Berlín, un antiguo palacete versallesco que fue acondicionado por Erik Jan Hanussen con un estilo oriental y exótico, donde realizaba sus actuaciones y sus supuestos “vaticinios”, pero no era un edificio perteneciente al régimen. A la entrada del palacete había una enorme estatua del mago haciendo el saludo nazi, flanqueada por dos estatuas de menor tamaño, que representaban al Oráculo de Delfos y a la Sibila de Cumas, indicando la verdadera finalidad del edificio: la lectura del porvenir.
Un antiguo gabinete de las maravillas moderno, con relieves de tema mitológico y astrológico, símbolos esotéricos varios y estatuas de dioses clásicos. Entre las estancias más célebres, se hallaba el Salón del Silencio, donde mediante un mecanismo secreto, Hanussen era capaz de elevarse por encima del público, cual si levitase.
Pero el verdadero sanctasanctórum del Palacio del Ocultismo era la conocida como Habitación de Cristal, donde el mago, convertido en visionario del Tercer Reich, concedía sus lecturas privadas a un grupo reducido de espectadores a cambio, eso sí, de una gran suma de dinero.

Para acabar, me detengo en lo que me ha impresionado del libro: ¿cómo puede un ilusionista hacer desaparecer la ciudad de Alejandría y el Canal de Suez para evitar bombardeos del enemigo?

Lo que realmente hicieron fue “ocultar” la ciudad de Alejandría para que la aviación alemana no pudiese realizar continuos bombardeos sobre un puerto clave para los aliados en el Norte de África. ¿Cómo? Pues lo llevó a cabo el ilusionista inglés Jasper Maskelyne y su “Cuadrilla Mágica” fue simular en una bahía cercana la propia Alejandría, con luces falsas, humo, escombros, etc… mientras se daba la orden de apagar completamente las luces de la verdadera ciudad. Aunque pueda parecer inocente, lo cierto es que detrás de esta maniobra había un trabajo extenuante de decenas de hombres que, finalmente, tuvo éxito. En cuanto al Canal de Suez, lo que se le ocurrió a Maskelyne, quien aprovechó su amplio conocimiento en el mundo de la magia y el ilusionismo junto a las posibilidades que brindaba la Sección de Camuflaje, fue generar una especie de barrera de luz con múltiples y potentes focos de luz que, adecuadamente manipulados y unidos unos con otros, cegaría a los pilotos enemigos. Y, una vez más, lo lograron. Una auténtica proeza que debemos rescatar del olvido.

ES UN LIBRO QUE RECOMIENDO ENORMEMENTE,YO YA LO HE LEIDO,¿Y TU?¿TE LO VAS A PERDER?