lunes, octubre 10, 2016

MAGIA EN EL ANTIGUO EGIPTO (Javier Arries)

Javier Arries es licenciado en Ciencias Físicas, en la especialidad de Física de la Tierra y del Cosmos. Colabora como articulista en revistas especializadas como Año Cero o Más Allá de la Ciencia. Ha aparecido también en el programa «Cuarto Milenio» de Iker Jiménez. 





          Datos del libro

  • Nº de páginas: 352 págs.
  • Encuadernación: Tapa blanda
  • Editorial: LUCIERNAGA
  • Lengua: CASTELLANO
  • ISBN: 9788416694181





 


El antiguo Egipto,es sin duda alguna el enigma mas descocertante del ser humano,lleno de incognitas,entre ellos sus practicas esotéricas,¿Qué significaba y que nivel de importancia tenia para un egipcio la magia en aquella época?

El nivel de importancia era máximo. Hasta el punto de que puede decirse que existía una magia estatal que coexistía con la práctica religiosa en los templos. En las cosmogonías egipcias el poder mágico, designado por la palabra heka, era representado como una divinidad primigenia más antigua que el resto de los dioses, compañero del creador. Heka era un poder que ligaba el mundo y lo animaba, una fuerza que podía ser absorbida para servir a los propósitos de aquel que supiera manejarla. Dejar a alguien sin su heka es dejarlo indefenso, débil.
Acumular heka es hincharse de ese poder inmenso asociado a los dioses y que en algunos textos se describe como un regalo para los hombres, un obsequio divino que, bien utilizado, permite al sabio paliar las dolencias y limitaciones de la humanidad. Una gran cantidad de dioses del panteón egipcio se caracterizan precisamente por su relación con la magia. Entre ellos el dios Tot, patrono de los magos y escribas, de las letras, y como no, del lenguaje sagrado, el mismo con el que se recitan los encantamientos. Tot es considerado como el dios de la magia.
Pero igualmente “poderosa en magia”, tal y como la describen algunos textos, es Isis, quien utiliza su magia en diferentes mitos para cambiar de forma a voluntad, o incluso resucitar a su marido para yacer con él y engendrar a su hijo Horus. En no pocas ocasiones cura a este último, utilizando ese mismo poder, librándole de todo tipo de enfermedades y venenos. No en vano, explica uno de tales mitos, que fabricó una serpiente de cera con la saliva del dios Ra y la animó con magia para que picara y envenenara al mismísimo padre de los dioses para que le dijera su nombre secreto, con la excusa de que era la única forma de sanarle y aliviarle de sus intensos dolores.
Otros muchos dioses hacen uso de ese poder mágico, y, por supuesto, los propios sacerdotes, al menos aquellos que sabían leer y escribir, creían que podían utilizar ese inmenso poder, desde para sanar, hasta combatir, no sólo a los enemigos de Egipto, también a las fuerzas del Caos que periódicamente amenazaban con destruir el mundo creado por los dioses. La magia era algo perfectamente natural para la mentalidad egipcia, algo consustancial con el mundo; y algo de extrema importancia que le permitía, tal era su creencia, aliviar muchos de sus problemas cotidianos por un lado, y hasta mantener el orden de la mismísima creación por otro.

Los museos están llenos de estatuillas, quizás el turista no sabe su significado o procedencia. Algunos hacían de amuletos y talismanes. ¿Qué función tenían estos objetos?

¡Así es! Y uno de los objetivos del libro es animar al lector a recorrer alguno de los muchos museos que le quede cerca, que contengan alguna colección egipcia, y reconocer, de la mano de Magia en el Antiguo Egipto, algunas de las figuras o piezas que en ellos se encuentran. Nada más satisfactorio que contemplar las joyas del pasado con conciencia de lo que se está viendo, aprendiendo a reconocerlo. Algunas estatuillas, muy frecuentes en los museos, son los llamados ushebti, palabra que significa “los que responden”, figuras con aspecto de momia que a menudo portan herramientas de trabajo; porque eso es lo que son, criados mágicos, figuras que en su momento fueron animadas por los sacerdotes para ayudar al difunto en la otra vida y liberarle de las tareas más pesadas. Los más pudientes podían encargar hasta 365 de estos criados mágicos. A veces iban acompañados de los llamados ushebti rei, o capataces, criados mágicos que actuaban como jefes de cuadrillas de 10 ushebtis.
Otras figuras corresponden a representaciones de dioses, algunas de las cuales se empleaban en pequeños altares y otras eran llevadas como talismanes para proteger a su portado. Y por supuesto no faltan amuletos y talismanes de muy diversas formas y propósitos. Algunos de ellos muy conocidos, y que seguimos usando después de 5000 años: anjs o llaves de la vida; el famoso jeper o escarabeum, el udyat, popularmente conocido como Ojo de Horus… Otros son menos conocidos, como el djed, el amuleto de los dos dedos, el menat…




Egipto había unas grandes diferencias sociales.¿a quien estaba destinada la magia? ¿solo a personas de alto nivel social,o existía distintos niveles de magia equiparadas con el nivel social?

La magia formaba parte de la cosmovisión de los egipcios de todas las clases sociales. Lo permeaba todo. El faraón mismo estaba de por sí lleno de heka, de poder mágico, como representante de los dioses en la tierra. Algunos sacerdotes practicaban la magia por su conocimiento de los libros sagrados, aquellos que se confeccionaban en las Casas de la Vida donde eran instruidos y aprendían, junto con los escribas, a leer y a escribir. Eran los jery hebet, los sacerdotes lectores. Y a su cargo estaba la labor de leer los conjuros, de interpretar los sueños y los oráculos.
Otros eran magos especializados en la sanación como los sacerdotes de la terrible diosa leona, Sejmet, cuyos sacerdotes eran los wab Sejmet, los puros de Sejmet, médicos y magos; o los jerep-serket, los sacerdotes de la diosa Serket, la diosa que se representaba con un escorpión sobre su cabeza, y a los que se atribuía el poder de comandar a todo tipo de animales ponzoñosos y de curar sus picaduras.
Pero además de los sacerdotes magos el pueblo contaba con sus propios especialistas de magia, desde las rejet, mujeres sabias que se dedicaban sobre todos a la videncia y a curar, especialmente a los niños, hasta los doctores y curanderos locales. En alguna ocasión algún particular conseguía hacerse con un libro de hechizos, como es el caso de un hombre llamado Qenherjepshef, en cuya tumba se encontraron, entre otro tipo de literatura, libros de sueños, un calendario de días fastos y nefastos, libros de hechizos… Todo parece indicar que este tipo de personas era temido porque se habría apoderado del saber mágico de una manera poco lícita. En cualquier caso, todos los egipcios acudían a la magia, desde los obreros y campesinos que consultaban a los oráculos divinos o hacían uso de sus propias fórmulas y recetas, hasta el mismísimo faraón, rodeado de escribas, doctores y sacerdotes magos.



Pensamos que el mal de ojo,es algo actual,pero ya existía en el antiguo Egipto. ¿había muchas similtudes con el de hoy?

Una similitud total. La creencia en el mal de ojo es algo de lo que ya me ocupé en una obra anterior, El Extraño Poder de los Aojadores. En ella ya exponía que la creencia en el mal de ojo es universal, atemporal. Y que en lugares como Mesopotamia o Egipto se lo tomaban muy en serio. En Magia en el Antiguo Egipto expongo más datos sobre lo que los egipcios llamaban ir-t ban-t, “el ojo malo”, la creencia según la cual dioses, magos, hechiceros y hasta los difuntos que tienen ese poder pueden destruir con la mirada. La propia Isis, según un mito recogido por Plutarco, mató con la mirada a un joven príncipe. El Ojo de Ra puede llegar a ser igualmente mortal, del mismo modo que los rayos del sol en el desierto son letales. Igualmente se teme la mirada de hechiceras, de las personas que envidian la buena salud de los niños… Exactamente las mismas creencias, salvando las distancias, que encontramos hoy en muchos países Europa, África, Asia y América.
Hasta los procedimientos para evitar el “ojo dañino” son similares. El Ojo de Horus se emplea para destruir la mala mirada. Aún hoy representaciones de ojos se siguen utilizando para fabricar amuletos contra el mal de ojo, como los famosos ojos turcos. Igualmente colgantes en forma de mano, como las actuales manos de Fátima, o las manos similares de la tradición hebrea. Hasta un gesto tan familiar como la “figa”, “higa” o “puñerín”, que todavía se lleva a cabo poniendo la mano en forma de puño con el pulgar entre el dedo índice y el medio, en una clara alusión al acto sexual, era empleado por los pastores egipcios que apuntaban con dicho signo a su ganado para librarle de males. Todavía hoy ese mismo signo se fabrica en diferentes materiales como el azabache para fabricar collares y pulseras con las que proteger a los niños. El pasado no está tan muerto como a menudo nos parece…



La magia era tran habitual en aquella época que el mismísimo Alejandro Magno hizo algún tio de consulta ¿se conoce algún otro personaje que también haya pedido consejo a los “magos” egipcios?

Efectivamente, en el siglo IV a.C. Alejandro Magno, tras conquistar Egipto, realizó una visita al Oráculo de Amón-Ra en el oasis de Siwa, en el desierto de Libia. La fama del Oráculo llegó a oídos del conquistador macedonio y allí se encaminó para que el oráculo le confirmara que su origen era divino, que su padre era el mismísimo Zeus. Este oráculo egipcio era muy popular entre los egipcios, que asimilaban a Amón-Ra con su Zeus. De hecho lo conocían como el oráculo de Zeus Amón, y ya era famoso entre los griegos en época de Heródoto, el famoso historiador griego del siglo V a. C.
La propia madre de Alejandro, Olimpia, si hacemos caso de lo que dice el Pseudo Calistenes en su obra Vida y Hazañas de Alejandro de Macedonia, habría consultado a un mago egipcio con fama de vidente y astrólogo que no habría sido sino el mismísimo Nectanebo II, un faraón al que este autor griego describe como un mago poderosísimo capaz de destruir ejércitos enteros realizando efigies y representaciones de barcos y hombres que después hundía en un recipiente que preparaba en su cámara secretas. Al hacerlo así, los barcos reales se hundían, y los hombres perecían. Es una historia de veracidad más que dudosa pero nos da una idea de los poderes que sus vecinos atribuían a los magos griegos.
Por otra parte, nobles y emperadores griegos y romanos solían rodearse de médicos y astrólogos egipcios, a los que la Antigüedad Clásica consideraba como los más válidos en su ciencia. Y por poner un ejemplo, algunos autores refieren el llamado “milagro de la lluvia”, representado además en la Columna de Marco Aurelio, en Roma. Una lluvia inesperada habría salvado de una derrota ruinosa a la legión XII Fulminata, comandada por el emperador Marco Aurelio en Eslovaquia, durante su campaña contra el pueblo germano de los cuados. Algunos autores atribuían el “milagro” a la intervención de Harnufis, un mago egipcio que viajaba junto al emperador. Otra anécdota de dudosa veracidad histórica pero que nos muestra el respeto que griegos y romanos mostraban por los magos egipcios.






La magia en Egipto era algo cotidiano,¿lo era también en otras partes del mundo en aquella época?


La verdad es que creo que no hay cultura, en el mundo antiguo y hasta quizá en nuestro mundo moderno, que no tenga sus prácticas mágicas; pero desde luego para la cultura egipcia era algo cotidiano, algo que formaba parte del mundo, algo con lo que había que contar si se debía salvaguardar al ganado, a uno mismo, a los hijos, y hasta al propio estado. Como apunto en un capítulo de mi obra, para la mentalidad de un egipcio antiguo, la Creación es Magia.